El segundo día, como no podía ser de otra forma, fue mejor que el primero, donde lo único que vimos fueron casas y una cena para 5 comensales de la que habrían podido comer perfectamente 20 personas.
Por la mañana estuvimos visitando el downtown de Milwaukee. Bastante majo, con grandes edificios y avenidas. No es muy extenso, pero los edificios tienen su encanto. Al cruzar el downtown llegamos al museo de arte, que para mí es lo más bonito de Milwaukee. Está en la orilla del lago Michigan y arquitectónicamente es bastante espectacular. Tiene 2 alas grandísimas, pero no pudimos verlas desplegadas por el viento que hacía. Porque vaya viento que hace en las ciudades anexas al gran lago Michigan. En Milwaukee hace mucho frío en invierno, bien, pero cuando hace viento es realmente insoportable. No se puede caminar por la calle de la helor que produce. Es como si te clavaran cuchillos por todas partes y te quedas paralizado. Las manos y las orejas se te quedan heladas enseguida y como no lleves guantes y gorro, ay amigo la que te espera!
No hay muchas más cosas destacables del panorama externo en Milwaukee excepto el paseo a lo largo de la orilla del lago Michigan, el museo, los grandes edificios y el paseo del río que cruza las calles entre ellos. La ciudad es agradable en general, pero no tiene cosas sobresalientes. Hay una zona dedicada a las víctimas de las diferentes guerras vividas por los Estados Unidos, pero tampoco es gran cosa, la verdad.
Así que después de un buen pateo sufriendo el frío de Milwaukee entre edificios nos volvimos a la hora de cenar. Otra peliculita y al sobre.
domingo, 17 de enero de 2010
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