jueves, 19 de agosto de 2010

Brian

Tiempo de hablar de mi alumno de castellano preferido, sobretodo porque sólo he tenido 1.

A Brian lo conocí allá por febrero/marzo respondiendo a un anuncio de Craigslist donde él buscaba a alguien nativo de algún país hispano-hablante. Después de responder recibo un mail ese mismo día por su parte dispuesto a pagar dinero cada hora por simplemente hablar castellano con él. No quería estructura de clases ni horarios ni nada. Cuando él y yo pudiéramos, nos sentaríamos a hablar en español y chispum.

Pues nada, quedamos para un domingo y arreglao. La primera impresión es de un chico normal, nada del otro mundo. Lo bueno iba a venir después.

Nos sentamos, empezamos a hablar sin un tema definido. A la media hora le ofrezco una cerveza y me dice que no puede beber alcohol. Le pregunto si es abstemio o es otro motivo y entonces coge carrerilla y me empieza a contar lo que ha sido su vida los últimos años. Estuvo en un centro de desintoxicación para alcohólicos y desde que salió no puede ni probar ni gota porque si prueba una, a esa gota le seguirían 2 litros más. En aquel centro conoció a un abogado de Chicago que lo perdió todo también por el alcohol. Viven juntos en la zona sur de la ciudad y trabajan de camareros en un bar. Lo interesante es que para sacarse un dinero extra son traficantes de pastillas.

- Perdona, cómo dices? Que traficas con pastillas?
- Sí, ambos traficamos con calmantes y otros tipos de pastillas. Podría hacerlo con cocaína u otras drogas pero eso ya se mueve en terrenos más peligrosos.

Ya que estamos le pregunto por el proceso que siguen las pastillas hasta el destinatario (ya ves, uno que se interesa por la vida de los demás). Al ser unas pastillas que no se pueden vender libremente por su composición y finalidad hay que buscar algún medio extraordinario de conseguirlas. Según él, conoce a una señora de unos 60 años que por su discapacidad tiene el permiso de comprar esas pastillas en una farmacia normal y corriente gracias a sus recetas, justo por esa discapacidad. La señora se las vende a Brian y su colega letrado, y estos a su vez las re-venden a mayor precio a su clientela pastillera.

El señorito lo contaba con tal naturalidad que no sabía si me estaba contando una milonga o todo eso iba en serio. Empecé a pensar que iba en serio cuando acudió a una de nuestras quedadas algo perjudicado. Las pupilas las tenía haciendo chiribitas, sudaba a mares y estaba como agilipollao. Le pregunté si se encontraba bien y me dijo que sí, que se había tomado una de esas pastillas para espabilarse y estar listo para la clase. Jooooder. Igual que hacía yo con la jalea real de pequeño pero con estimulantes para concentrarse. A por todaaaas.

Después de 5 o 6 sesiones me dijo que se apuntaba a un curso de castellano en la universidad para motivarse y cogerlo de verdad en serio y llegar a ser profesor de castellano en algún país de Sudamérica. No sé si estaba bajo efectos pastilleros en ese momento, dudo que no lo estuviera. El caso es que ya le había perdido la pista y hace 1 semana me volvió a escribir porque ya ha terminado su curso y quiere seguir mejorando su ya más pulido castellano. Y así estamos, pensando en retomar las charlas de español entre pastilla y pastilla. Vaya individuo más curioso el Brian este. A ver qué me cuenta en la próxima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario